EL DESTRO

En la primavera garagera plantense hubo una banda que marcó la diferencia. El rock de riffs eléctricos y ritmos de culebra había regresado en un avión negro desde principios de los ´70 y El Destro salió al cruce de la nueva ola en una tabla con dientes de acero.

Combinando créditos locales como Pantro Puto (hoy en Él Mato), Miguel Ward (107 Faunos), y promesas de la Provincia como Chiro (desde Berisso y en plena contraofensiva killer al frente de Vaquero), Santiago Bianchi y Miguel Ángel Berardo (exiliados en las calles de Miramar) El Destro supo interpretar una época que intentaba evocar otra. En plena efervescencia retro rock reivindicaron el riff, el descaro y la rebeldía del género.

El único registro que quedó de la banda fue un disco de ocho temas. Editado bajo el sello Laptra en 2004, produjeron cien copias en cuidado cd-r. Nenas Metalicas no da tregua desde la estética desconcertante y despojada de su arte visual hasta las composiciones. Guitarras incandescentes, una doble bobina de sierras oxidadas comandadas por Chiro y Bianchi. Ritmos letales, bailables y lúbricos provenientes de un bajo y una batería cuyo redoblante, probaron hasta hacer sonar como un disparo de escopeta. Y al frente, claro, uno de los malos: Berardo, de voz aguda y filosa, ataca desde una lírica exigente y lasciva.

Y si querés saber por qué somos así, yo no lo sé, chilla una voz caprichosa e irritante desde Yo no lo sé, o desde la insolencia de Me queda bien declara El Destro es terrorismo y vos no lo podes entender, y estoy en El Destro y la ropa me queda muy bien. En clave atrevida y desafiante la banda jugaba al rock cuando los demás lo posaban. Donde algunas bandas tomaban al estilo con solemne pompa, El Destro lo tomaba directo desde el pico.

Los recitales duraban menos de media hora. Eran molotovs desde las barricadas altaneras del corazón de Berardo. Accidentados, en llamaradas de canciones cortas y efectivas, los shows dejaban las tablas del lugar calientes. En casas prestadas, en el Bolivian Blonde de Chascomús, en la Fiesta Provincial del Trigo o el playón de la Municipalidad, El Destro quería llevarse el mundo por delante. Era un equipo que estaba para campeón pero se separó antes de despegar. Imperativos y sin concesiones, dejaron una ráfaga de hits inflamables desde la arrogancia que permite la frescura.


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Félix Sisti Ripoll