Relatos motorizados en Tandilia
Hamburguesas y coloque
Sábado, una del mediodía. La combi se estaciona en la puerta de Casa Chango, se abren las dos puertas traseras y como un grupo comando benigno salen en fila los El Mató. Ingresan al albergue por la entrada secreta y dejan sus instrumentos y bolsos en la pieza Blanca. Retoman el pasillo y salen al patio. El olor a hamburguesa se impregna en las fosas nasales activando de a poco el apetito. Faltan veinte dice el parrillero ocasional que a la noche hará de soporte con su banda local. Aunque debajo de la glorieta se está de lo más cómodo sentado y chupando aire fresco, los recién llegados deciden recorrer parte del amplio fondo que tiene un mini lago artificial con dos coloridas carpas y bosquecito que termina en la medianera del vecino. Se quedan sentados en la orilla con el sol de frente. Pantro Puto se arrepiente de no haber cargado con pantalones cortos y ojotas, equipo que Santiago Motorizado siempre tiene consigo, por eso se enorgullece y sonríe moviendo la cabeza. Aparecen el propietario Chango, después Dieguito T (bajista de los Toboganes a Marte que también forman parte del concierto nocturno), el parrillero y otros músicos; todos por la misma razón: fumar.
Luego del terrible coloque a la mesa que hay para todos y sin discriminar a los vegetarianos que tienen lo suyo sobre la parrilla. Se comió y bebió generalmente casi a conciencia.
Al rato algunos quieren hacer la siesta para después ver al lobito contra el equipo de Tinelli mientras que otros prefieren hacer la digestión a bordo de una reluciente citroneta 3cv.
Mirando el cielo
El parrillero al volante arremete por la avenida Alvear que desemboca en el Lago del Fuerte mientras el copiloto corre la capota de cuero para que todos contemplen un cielo celeste parecido a una inmensa sábana recién planchada. Cuando avanzan unas cuadras empieza la guiada turística que se hace parte de la “Gira mágica y apocalíptica” emprendida por los El Mató en el cierre del 2008. A la derecha hay un castillo en la cima de una sierra que recrea el que tenían los soldados alistados en la primera campaña al desierto. Más adelante pasan por una represa que evita inundaciones en la ciudad, y empiezan a costear las aguas verde oscuras oxigenadas por un geiser que escupe bastante alto. Al costado del pavimento hay autos estacionados y gente que aparte de tomar mate observa casi sin pestañar a todo el que pasa. “Estos son los domingueros de mierda de la ciudad”, dice el copiloto que mantiene muchas diferencias con gran parte de esa sociedad “pueblerina aristócrata” según él. Atrás Pantro asiente con la cabeza; a su lado Doctora Muerte fija la mirada en su picador. Pasan una rotonda y enfilan por el camino Don Bosco que formó parte hasta fines de los 80`s del circuito semi permanente de las carreras de Turismo Carretera.
“Esta es la entrada a la Reserva del tigre”, señala el parrillero y después agrega que “es más dolorosa que el zoológico de La Plata”. “Aunque hay dragones de Comodo; qué animal tan perfecto”, afirma sonriente el copiloto haciéndole un guiño de ojo a Pantro que muestra una leve sonrisa. Doctora Muerte saca su cámara y empieza a tomar fotos del paisaje, “Willy es el floguer del grupo” comenta Pantro siempre tranquilo como un buda. Risas por la aclaración y del reciente coloque. Termina la ruta en el cruce “El gallo” donde hay un parador de principios de siglo XX atendido por gente que también parece provenir de ese período. Todos bajan y compran una cerveza y gaseosas para combatir al calor. Sentados hacen una pausa para observar un fragmento del cordón montañoso más antiguo del planeta. Los automóviles pasan de manera esporádica por la carretera. La tranquilidad parece estar de su lado.
Bajo la puesta del sol tras las sierras el Citroën regresa lentamente al casco urbano. Viene el reconocimiento del lugar, la prueba de sonido, posterior baño rejuvenecedor, pizzas de un metro cuadrado y…
Sobredosis de rock
Tres dosis de rock tienen encima las casi trescientas personas que están en el recital debido a las recomendables presentaciones de The Caporals, Los Secuaces de Ramón Gorila y Toboganes a Marte. Ya es el momento de la sobre dosis. Se abre el telón y ahí están, ellos son los El Mató a un Policía Motorizado que sin saludar a nadie arrancan con Navidad en los Santos. Las palmas del público enardecido marcan el tiempo junto con el bajo y el bombo. Al hilo pasan El héroe de la navidad y Chica rutera. Todos se toman un respiro cuando Santiago Motorizado saluda cortésmente a los que están debajo del escenario. Llega El día del huracán que forma parte del último disco (El día de los muertos) y a éste se le pega el ya clásico Sábado que provoca un remolino de gente. Vuelve la falsa calma con Vienen bajando y después Amigo piedra que es somatizado con puños en alto. No hay descanso alguno, arranca El último sereno y a su fin Mi próximo movimiento, a éste pareciera que el público lo corea con el alma. Al terminar un chabón acodado a la barra le dice a otro “ese casco la rompe toda”. Después de la referencia al guitarrista Niño Elefante, cuando empieza Guitarra comunista se va corriendo al pogo como festejando un gol de final de copa del mundo. Luego llega la locura y el fin con la canción que siempre cierra la lista: Prenderte fuego. Aunque los insaciables presentes piden a gritos otra ración más, Santiago agradece y se cierra la cortina.
En media hora volverá a salir el sol. El salón se vacía rápidamente. Es cuestión de irse a dormir, disminuir un poco la temperatura corporal y descansar el sistema auditivo.
Marcos Abelleira
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