Antolín – Jóvenes y Eternos, 2010 (Laptra Discos/Tobruk Records)
Cuando Jóvenes y eternos cobró vida, alguien le preguntó a su autor si las canciones que lo conforman venían trabajadas desde tiempos remotos. Sosegado como el atardecer campestre, Antolín respondió que sólo se deja llevar por las ganas y el momento de crear un disco.
Esa energía precipitada y algo temeraria convergió en diez delicadísimas composiciones elaboradas con sólo una voz que fluye apaciblemente sobre los acordes de un teclado de estudio para infantes, baterías fabriles mutadas y otros sonidos provenientes de los jueguitos del Dinacom como también de algunas películas.
Hijas de un estilo prolijamente simplificado, las canciones -que no exceden los tres minutos de duración- pueden conmover el corazón de los habitantes más descorazonadas y salvajes de un pabellón de máxima seguridad.
Queda en claro que Antolín entiende a la perfección dos parámetros primordiales de su arte: la convicción de las ideas llevadas a la práctica concreta en un corto lapso temporal, con urgencia, y esa sutil potencia de la canción para despertar infinidad de sentimientos.
Scoutismo para muchachos
Antolín / Jóvenes y Eternos