Humo de Tren: mucho humo
Una historia del blues local

Existen en la ciudad diferentes y disímiles artistas que tejen desde su lugar la trama musical, muchos de ellos ignotos o con pasados activos en grupos de rock, pero con una barrera imposible de superar que es la vida de una ciudad. La misma que los nutre y les da el marco para poder desarrollarse.

Cronistas de estos tiempos que le cantan a historias crudas que suceden a la vista de todos, pero que no todos se animan a abordar. Con un sonido de guitarra y voz, acompañado por el pie que marca el tiempo, Lisandro construyó Humo de Tren o Humo, un cuento en formato musical.
Ahí, en Humo, pronto a salir la primera parte de un EP que tendrá su continuación en una segunda parte que seguirá desarrollando por diferentes vías, viven las historias rodeadas de humo, violencia y muerte que viajan conectándose entre sí en un viaje que puede ser de tren.
Charlando mate de por medio fue desarrollando cómo concibe este momento que atraviesa, la forma en que se piensa como artista o músico, hasta el modo en el cual se desenvuelve. Cualquier persona que lo vea por ahí probablemente no pensará que ese fulano de barba rala es el creador de esta sonoridad, canciones de rock despojadas que suenan tanto a blues.

-Cuando salís a mostrar estas canciones de rock en guitarra, ¿cómo lo ves? ¿Qué va pasando en la gente? Porque la gente está acostumbrada a ver bandas...
­-Sí, ese es otro pifie. Lo que pasa es que tampoco me muevo, me invitan a tocar bandas. La única vez que fui a tocar así, de gente que tocaba con la viola, fue en la feria que hizo Santi, cantante de Las Culebras, ahí en Pura Vida. Estuvo bueno y por ahí es más atinado. En lo otro toco y luego toca Quiso, es otro palo nada que ver. Igual está bueno, a los chicos les gusta, cantan los temas, piden los temas e hinchan las pelotas. Te los piden, pero te los piden acá también entonces está bueno eso. El tema es que no hago mucha movida, trato de hacer shows cortos porque la primera impresión es “qué hace este chabón tocando dos horas ahí. ¿Quién se cree que es? ¿Dos horas tocando él sólo con la guitarra? Tiene que ser muy polenta para eso y ni siquiera”. A nadie que vos le caigas así de primera vez se va a bancar dos horas de show. No te conoce, puede ser Sabina o el que sea, pero si no conozco a Sabina va a llegar el momento que como no conozco las canciones y no tengo un back armado sentimental de lo que el tipo canta me chupa un huevo. A la hora, ya está chabón, basta. Antes de la hora, cuarenta minutos. Entonces siempre, con las bandas también esa era la idea. Vos tenés que tener en cuenta que hay mucha gente que te ve por primera vez y más al no tocar mucho. Entonces, los shows son cortos. Los pibes empiezan, “eh, tocaste media hora”. Vos porque querés escuchar determinada cosa, porque querés y ya sabés un montón de cosas, pero el que la ve por primera vez se hinchó las pelotas y más si no le gustó. Si le gustó, es preferible bueno que te diga “che, loco, que bueno. Duró poco”. Prefiero eso, que “este hinchapelotas”. Está bien, están buenos los temas, pero ya está.

-¿A que te referís con eso de “toco poco”?
-Toco en los sentidos, toco poco en tiempo y espacialmente casi nada. He tocado, si te digo 7, 8 veces es mucho en lo que va de dos años.

-¿Cómo convive además de eso de compartir, eso de narrar historias?
-Mirá, cuando toco, no lo cuento así. Lo conté dos o tres veces, pero me empiezo a cagar de risa. Cuando ya veo que somos más o menos los mismos, si lo cuento por tercera vez, ya fue. Es un poco pelotudo de mi parte porque tendría que explicar por dónde viene, pero también se pone un poco más tedioso. Cuando enfrento el show de música, voy y toco. No cuento, en todo caso cuando alguien me pregunta la historia sale o cuando tenga el disco o lo que sea ahí va a saltar.

-Vos cuando tocás, también mostrás un video o una estética. Aparece una proyección...
-Claro, cuando toco lo que hago. Encontré un artista, un animador que hace un determinado tipo de animación que me gusta y me parece súper interesante y súper a mano. Viste como los cuadros medio impresionistas que hay mucha pincelada, bueno el loco a mano hace las cosas, con la mano. Lo único que hago es proyectar eso, pero como para correr un poco el foco. Por eso de lo temporal que hay todo el tiempo mirando un loco como que se te acaba enseguida. Te fijás si toca bien o mirás las boludeces. Mirás la cara de boludo que tiene y ya después querés otra cosa. Entonces la proyección es para eso. No lo he analizado mucho, pero tiene que haber algo que ayude más atrás y estaba el proyecto.

-¿Vas descubriendo la forma solista de tocar?
-No, no le encuentro la vuelta. Me pasó un par de veces y me gusta más estar con el grupo arriba del escenario. Lo otro es más de reunión.

-¿Qué pasa con el escenario, con esa idea que vos decías en el la cual “El ayuntamiento” aparece como algo representativo de una forma de ver el arte?
-Sí, de la producción y del acto artístico en general como está planteado. Igual creo que hay una situación mínima de parar y escuchar lo que hace el otro. No me gusta la idea de que “y todos somos ahí”, porque hay un loco que está tratando de decir como un libro. ¿Te ponés a plantear si ese loco te está poniendo en una posición de vos y yo? No, el chabón tiene algo para decir y lo dice de esa manera, pero lo está diciendo y hay un acto comunicativo ahí. Estás del otro lado, mal que mal, pero semejante diferencia, semejante estructura al pedo. Estoy más cómodo acá en ese sentido.

-Entonces sí ves una forma de hacer o de representar lo que hacés.
-Sí, hay lugares en donde estás mucho más cómodo. Sin duda. Ahora el Pasillo de las Artes está bueno, más chiquito, más tranca. Un garrón el horario porque antes de las doce de la noche no va nadie.
La idea es lanzar el disco ni bien pueda. La plata la tengo. Tengo que mandar el disco a imprimir a Buenos Aires y después mandar acá a hacer unas carpetas, porque es una edición medio rara. La idea es que sea un póster y una carpeta abierta.

-¿Qué se va a encontrar la gente con esto?
-Ahí está el disco, son cinco temas, en realidad son cuatro y una coda que es un pedazo de uno, es un concepto de los ‘70 que ponían el primer tema atrás con unas modificaciones; bueno la idea como cierre es esa. Son esos cuatro temas que desarrollan una historia, que no tiene una idea de principio y fin. Tiene un principio porque comienza con algo que obviamente  pasó, que es esta situación de violación, de muerte posterior y de una persona que decide que va a matar. En definitiva muere también porque se tiene que ir a la goma para no terminar en una cárcel también. Todo eso recorre en los cuatro, cinco temas. Y la huida nada más, no hay mucho más. La idea no es tan grande, pero a mi me sirvió para hacer cuatro, cinco temas. Sacar algo. Un poco también ahí está la idea, un poco siempre que tengas para decir algo para mí está bien.


www.humodetren.com.ar


Bruno Barletta